¿Qué procesos emocionales alimentan el conflicto?
Muchas veces, los conflictos personales se ven exacerbados por estados subyacentes de ansiedad o estrés acumulado que nos quitan flexibilidad. Cuando arrastramos una baja autoestima o una tendencia a la dependencia emocional, es fácil caer en dinámicas defensivas que intensifican los problemas de pareja o los problemas familiares. Si además enfrentamos dificultades laborales o un burnout no resuelto, nuestra capacidad de respuesta se agota, dejando espacio para que los problemas de manejo emocional se conviertan en la norma y no en la excepción.

